I Domingo de Ramos De las venas secas del cerro espectador Río sanguíneo de creyentes hacen su andar Al ombligo del pueblo salpicado por el polvo del ayer. Es Berlín, Usulután. Es un canto azul, Adornado de rojas consignas como el maduro café, Detalles de orquídeas, Palabras enraizadas en las mejías de los niños; Cansancios madrugadores, Plegarias al alba, Agitadas de ramos, Cabellos vegetales que los discípulos llevan: ramos al viento, nuestros volcanes transpiran este día, Una infantil doxología. El pie descalzo, ahumado por los años, Petrificado por los alucinantes jornales de cansancio, Son alabanza, canto agradecido y profecía. No conocieron vereda segura, Para llegar a las tierras prometidas Avanzan sólo con sus ojos en el cercano horizonte. Mutilados pies, llagas que caminan Entre los minados surcos de la tierra. Morena mano, verdes anillos de mango, Jade natural, incrustado en dedos torturados...
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