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Carta a una madre

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Hoy, al depositarla en las entrañas de la tierra, me recordé de mi parto. En la soledad de este mundo, Usted y Dios entretejían mis sueños. rondaba el hambre asesina, mientras comía de su sabia, de sus anhelos y sus venas. Entre el murmullo de una tormenta de lágrimas azules, su voz era la canción de cuna que me dormía. Diluvios, terremotos, sequías, y su vientre mi refugio. Inventó unas tijeras para cortar el firmamento oscuro y estrellado, adornó con ellas mi cuna. Con el alfiler del ayer, unió los distantes días, tapó las fugas de luz en las cortinas cotidianas, y me talló un traje de futuro. Descubrió otro alfabeto, el de la mariposa y del colibrí, y deletreó la esperanza conmigo, en el pizarrón vivo de su espalda. Y lo más importante, incólume, engañó a la muerte, el desamor y el odio. Generosa, cargó sus heridas y las mías, y en humildad y justicia, caminó una parte de este sendero conmigo. Hicimos de mi piel y mis ojos, un lugar donde se juega ...

Crónica de un parto

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A la hora del atardecer, emprendimos el camino a ti. Con nuestros brazos-ramas, un musgo nuevo, una hojarasca salvadoreña y un fogón chapín, el tibio nido estaba listo para ti. Las arenillas del reloj se aferraban para no ser engullidas por “el ya es tarde”. Una sombra robusta y alta, caminaba en su mente, de aquí para allá. Era tu abuelita materna, que contaba el tiempo con sus pensamientos. Afuera y adentro del nido, un murmullo de viento y el aleteo de los colibríes: eran tu tía y abuelos paternos, que desgranaban un rosario para encontrar al final, los nuditos de tus dedos. A la par de tu mami, un centinela dormido de pie, en vela y vigilia por ti. El hambre era ansiedad y viceversa. Se llenaba el estómago, no así los pulmones que parecían respirar contra reloj. La espera fue un laberinto alegre y salpicado de emoción, pero siempre laberinto. No encontramos la salida, sólo Tú. Cerca de las doce campanadas de media noche, de la mano de una doct...

EL ELEGIDO..

(cuento a propósito de las elecciones 2011 en Guatemala) Todos los días, él hace especialmente lo mismo: Agarra un sujeto, lo amordaza con un trapo de tela vieja. Lo estrangula un poco. Juega con su respirar. Lo ahoga y desahoga con la misma soga blanca de sus dientes. Lo reaviva con un golpe y le trae la conciencia con una infantil tortura. Todos los días, hace lo mismo, sin saber que la víctima de sus golpes, es él mismo frente al espejo. Practica su discurso, el inodoro es un atril improvisado. Lo blanquecino y nauseabundo pareciera ser que le inspiran las límpidas y bien pronunciadas palabras: “Soy el elegido que todos esperan”. En ese momento, de entre las escamas blancas que se unen para dar la sensación de cielo falso, se oyó la voz de un ángel cotidiano, vestido con una blancura mortecina nunca antes vista: “Este es mi hijo amado…” A bocanadas ingirió medio frasco de enjuague bucal, buscando en sus últimas moléculas, el preciado alcohol que le devolvería a la vida. Pero ...

A esta tierra...

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Con la silueta morena de sus tierras; cálido sudor que evapora los sueños, descubrí la alegría y su capital. Sus palmeras me cobijan y la ciudad “de paso”, es ahora acrópolis de mis letras. Frente al gigante dormido de un solo ojo abierto y estornudo de fuego, que rasga el cielo y ahuma la luna, las tórridas parejas se besan; el niño descubre el mundo con un libro, y un enjambre de gotas preña la tierra. Calendario de piedra, sólidas, estáticas y ancestrales figuras mayas, rigen el tiempo, incontenible, iracundo, inevitable. Mueven la sanguínea, azarosa, campesina y citadina vida. El cielo llora. Sus gotas: besos de cristal, esparcidos en mil chayes de agua, tatuajes en la piel blanda de este humus cotidiano. El jaguar juega con el niño, el mar y el viento, soplo, espíritu y niebla que nutren mis ancestrales pulmones. Es el nawal de esta tierra, la natura en movimiento, el corazón humano, a pesar del colmillo del hambre, del ojo del verdugo y sus cómplices...

Carta a Dean Brackley S.J.

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(foto cortesía de Fr. Mauricio Cáceres OFM) Entre las paredes de cristal, el prisionero sol, observa el infinito atardecer. El día muere, La oscuridad reina Y el transeúnte no lo percibe. La lluvia esparce sus despojos, en la periferia oculta del Bronx, la soledad habita en los ojos frente al espejo del río Manhattan, New York, un paisaje gris. En este Cardoner urbano, nunca como antes, tus ojos se llenaron de claridad. Y Dios te sedujo, no en el ministerio, ni en el poder, sino en los pobres que condensan realidad. Viste la señal: La vida amenazada, el Amor no amado, otrora noche de Belén, Ángeles anunciando la paz, a los pobres y pastores. ¡Así es la gloria de Dios! Y al descubrir esta perla y su valor, vendiste con algarabía, todo lo que poseías. Tu llamado fue don y tarea, fuiste aprendiz de la vida. La universidad: las ideas, la razón, experiencias y lágrimas: amalgama cosidas al crisol de la vida. Tu logos maduró, al robustecer tus ent...

LA MISMA CONSIGNA

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Hoy es el día de la memoria agradecida, para estrenar los hilos de nuestra multicolor identidad. ¿Cuál es el Belén y el pesebre de esta historia? Una herida sangrante, la amante soledad y la tenaz alegría: Loyola. Un peregrino medieval y moderno en oración, velación y discernimiento. Tu intuición te llevó a Montserrat, Manresa, Jerusalén, Salamanca y París… Pero en Cardoner, todas las cosas fueron nuevas. Y así, Guatemala fue el destino,  en el mapa de Éste caminante vasco. Sin embarcarte, tu espíritu y tus pasos llegaron a nosotros en plena opresión, transición y dominio imperial. El barroco envuelto en papel de oro el hambre y la miseria campantes. En la espalda del templo colonial, más que estuco, ostentación. El incienso, el trigo y el vino sacrificial, y la carne, muerta y viva, del indígena hecha pan. Los cimientos de ese nuevo mundo, son las osamentas de nuestro pueblo. Y un grupo de compañeros, optó por la vida. Dios bajó del retablo, dejó la cat...

Carta a Octavio

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En frente de la tumba del amigo, vi llorar a un ser humano. Acercose al sepulcro sin sentido, y corrida la loza, un latido despertó. En las fosas comunes de nuestra historia, entre los escombros de la vida, tu sincero llanto, convirtióse en canto, que trae la aurora y aleja el espanto. Una mísera camilla cargaba una herida viva. Anónimos años, amenzan la ternura. Tu, hombre del puebo, pronuncias vida que aviva las fuerzas de aquel cuerpo cansado. Y frente a la moribunda vida, en nuestras camillas de iximulew, Todos Santos y Pestel, Guajitos, Soyapango y León, pronunciaste alivio y esperanza. !Y conseguiste el milagro! !La lluvia en la sequía! !Salud entre la enfermedad! !La perenne sonrisa en el laberinto cotidiano! Lograste que muchos cansados pies, retomaran el camino. Y al andar con humildad y justicia, superaron sus múltiples muertes. Hiciste opción por la vida, la cuidaste, cargaste y cobijaste, entre tus brazos de menor. Hoy, ese misterio te ca...