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Carta a Dean Brackley S.J.

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(foto cortesía de Fr. Mauricio Cáceres OFM) Entre las paredes de cristal, el prisionero sol, observa el infinito atardecer. El día muere, La oscuridad reina Y el transeúnte no lo percibe. La lluvia esparce sus despojos, en la periferia oculta del Bronx, la soledad habita en los ojos frente al espejo del río Manhattan, New York, un paisaje gris. En este Cardoner urbano, nunca como antes, tus ojos se llenaron de claridad. Y Dios te sedujo, no en el ministerio, ni en el poder, sino en los pobres que condensan realidad. Viste la señal: La vida amenazada, el Amor no amado, otrora noche de Belén, Ángeles anunciando la paz, a los pobres y pastores. ¡Así es la gloria de Dios! Y al descubrir esta perla y su valor, vendiste con algarabía, todo lo que poseías. Tu llamado fue don y tarea, fuiste aprendiz de la vida. La universidad: las ideas, la razón, experiencias y lágrimas: amalgama cosidas al crisol de la vida. Tu logos maduró, al robustecer tus ent...

LA MISMA CONSIGNA

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Hoy es el día de la memoria agradecida, para estrenar los hilos de nuestra multicolor identidad. ¿Cuál es el Belén y el pesebre de esta historia? Una herida sangrante, la amante soledad y la tenaz alegría: Loyola. Un peregrino medieval y moderno en oración, velación y discernimiento. Tu intuición te llevó a Montserrat, Manresa, Jerusalén, Salamanca y París… Pero en Cardoner, todas las cosas fueron nuevas. Y así, Guatemala fue el destino,  en el mapa de Éste caminante vasco. Sin embarcarte, tu espíritu y tus pasos llegaron a nosotros en plena opresión, transición y dominio imperial. El barroco envuelto en papel de oro el hambre y la miseria campantes. En la espalda del templo colonial, más que estuco, ostentación. El incienso, el trigo y el vino sacrificial, y la carne, muerta y viva, del indígena hecha pan. Los cimientos de ese nuevo mundo, son las osamentas de nuestro pueblo. Y un grupo de compañeros, optó por la vida. Dios bajó del retablo, dejó la cat...

Carta a Octavio

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En frente de la tumba del amigo, vi llorar a un ser humano. Acercose al sepulcro sin sentido, y corrida la loza, un latido despertó. En las fosas comunes de nuestra historia, entre los escombros de la vida, tu sincero llanto, convirtióse en canto, que trae la aurora y aleja el espanto. Una mísera camilla cargaba una herida viva. Anónimos años, amenzan la ternura. Tu, hombre del puebo, pronuncias vida que aviva las fuerzas de aquel cuerpo cansado. Y frente a la moribunda vida, en nuestras camillas de iximulew, Todos Santos y Pestel, Guajitos, Soyapango y León, pronunciaste alivio y esperanza. !Y conseguiste el milagro! !La lluvia en la sequía! !Salud entre la enfermedad! !La perenne sonrisa en el laberinto cotidiano! Lograste que muchos cansados pies, retomaran el camino. Y al andar con humildad y justicia, superaron sus múltiples muertes. Hiciste opción por la vida, la cuidaste, cargaste y cobijaste, entre tus brazos de menor. Hoy, ese misterio te ca...

Carta a Octavio

Mi bitácora

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En la sequedad de estos inviernos Hago mi examen del día. Una pregunta es mi lumbre: “¿Quién soy yo?” Ni el espejo, ni el apellido, ni los honores o pecados, bastan. La noche y mis sueños, me dan mi respuesta. En los recuerdos que son rompecabezas, Retazos de mi inconsciente, Un Mural multicolor, Donde Dios hace un grafiti con su dedo. Ahí estoy yo, y ahí está él, Cobijados por las manos de la Gaya. Bajo este lenguaje, En este laberinto verde de mi historia, Descubro que Dios ha puesto la rosa náutica, Para ser trovador y compañero de caminos. Al despertar, Mis sueños se vuelven sandalias, el corazón, en un ejercicio de buena memoria, balbucea un “Gracias”. Y al encargarme de la historia, Ella carga conmigo. El día comienza con la noche y su güipil negro todavía. Soy nómada urbano, Transeúnte universal, Glóbulo obrero, Entre las venas de esta sociedad. Y nuevamente el Misterio y los “Otros”, Irrumpen en mi vida. Se me enraízan, hacia el humus, Y la utopí...

A Daniel

Hoy, oí tu corazón de nuevo. Un tambor vivo que sus sílabas golpeaban mis oídos. Eras sonido y movimiento: Un gimnasio elemental dentro del vientre maternal. Hoy no pude tocarte, Pero tu piel ya recibía mi calor. No pude verte, Aún cuando tus dedos, manos y oídos, Palpaban todo a su alrededor. Y en cada respiro tuyo, Aparecía una espora de angustia. Tras el golpeteo de tus pies, A veces existe un silencio sepulcral. Durante el arcoíris de tu no iniciada vida, También amanecen cielos grises Y los días se parecen más a la noche. Me convidas de tus silencios festivos Cuando en mis oídos está el eco y la pólvora de la bala asesina, Todavía escucho la bota que tritura los humanos huesos, La voz sonámbula y moribunda De una madre que sin su hijo se declara muerta, Todavía escucho como caen Los colibríes que no han podido nacer en este jardín primaveral. Me das, Con tus manos diminutas, Pedazos de luna y retazos de utopía: Tu lucha por la vida, es la sentencia de...