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Mostrando entradas de 2012

¿Cómo mejorar la Educaciòn en la URL?

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Me vienen a la mente dos ejemplos o aplicaciones de las ideas la filosofía de Zubiri y retocadas por Antonio González, en su libro introducción a la Práctica de la Filosofía.   Si se quiere transformar a todo la estructura corporal de una persona, no basta con cambiarle el tipo de alimentación, la rutina de su vida diaria, en incluso sus ideas, valores o costumbres.   Esto por su puesto únicamente desde el plano físico y corporal.   El ADN, sería en todo caso   una   nota esencial para poder transformar toda la estructura personal: color de piel, ojos, constitución física, etc.   Por su puesto estas prácticas con un trasfondo eminentemente científico, no pueden ser aprobadas por una ética basada en los valores humanos y la dignidad de la persona humana, según los especialistas en el caso nos lo han dicho, como Marciano Vidal y Xavier Gafo.   En otro aspecto humano, se nos ha dicho que si queremos hacer cambios en la sociedad, debemos precisamente ca...

Trilogía pascual

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I Domingo de Ramos   De las venas secas del cerro espectador Río sanguíneo de creyentes hacen su andar Al ombligo del pueblo salpicado por el polvo del ayer. Es Berlín, Usulután. Es un canto azul, Adornado de rojas consignas como el maduro café, Detalles de orquídeas, Palabras enraizadas en las mejías de los niños; Cansancios madrugadores, Plegarias al alba, Agitadas de ramos, Cabellos vegetales que los discípulos llevan: ramos al viento, nuestros volcanes transpiran este día, Una infantil doxología. El pie descalzo, ahumado por los años, Petrificado por los alucinantes jornales de cansancio, Son alabanza, canto agradecido y profecía. No conocieron vereda segura, Para llegar a las tierras prometidas Avanzan sólo con sus ojos en el cercano horizonte. Mutilados pies, llagas que caminan Entre los minados surcos de la tierra. Morena mano, verdes anillos de mango, Jade natural, incrustado en dedos torturados...

Los Tres compañeros (cuento)

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Sediento de besos. Sentado a la orilla del barranco cotidiano. Entre la sombra y la luz.   Entre la canción y la nada, la arena del destino y la sal del ayer, está el poeta-caminante.   Las trituradas almendras y la disecada fruta confitada se abrazan en el trigo, haciendo que su hambre no le consuma la vida. Como buen poeta, burla el hambre con un par de versos. Está lejos de su hogar: es un exiliado en su propia tierra, al no tener cerca, aquellos latidos que le dan sentido. Besa las flores, el suelo, su silla, la mesa, la piedra que le hizo tropezar, esperando que todos ellos canten los nombres de sus   seres queridos, pero lo único que consigue es que   la flor le maldiga y que se deshidrate más rápido por falta de saliva. Usa un   paraguas añejo, de esos que cuando se abren, son como portales del tiempo   y agujeros de gusano para llegar a otra época, como la del centro histórico. Lo usa, pues cree que a donde vaya, una nubecita le siga y le inunde...

DUELO PATERNAL

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Todavía escucho sus latidos. Son como una fila hormigueante de sonidos, que suben y se quedan dando vueltas en mi pecho. No puedo respirar. No oigo el eco del aire en los caracoles de los días, ni el ruido de su sombra de niño, tras las mías. Él ya no respira, y yo casi me ahogo en el intento. Ha cerrado sus ojos, y pareciera que la certera oscuridad, reina en sus sentidos. Todavía puedo ver esas dos luciérnagas que se prenden todas las noches, para guiar los surcos acuáticos de este viejo barco mío, con olor a sal, a nube, a muelle roto, y al óxido ferroso del tiempo. Su muerte, la muerte de mi hijo, ha taladrado lo deseos del abandono, la soledad, la ira y la asfixia. No puedo contenerme y como un desierto, mis lágrimas se evaporan al contacto con el aire. La muerte, ajena tal vez, es solo una vereda tenue que iluminada por una procesión de candelas y flores de colores. Pero la muerte de un hijo, es el absurdo río que corre al revés, el mudo trinar de un clarin...

Carta a una madre

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Hoy, al depositarla en las entrañas de la tierra, me recordé de mi parto. En la soledad de este mundo, Usted y Dios entretejían mis sueños. rondaba el hambre asesina, mientras comía de su sabia, de sus anhelos y sus venas. Entre el murmullo de una tormenta de lágrimas azules, su voz era la canción de cuna que me dormía. Diluvios, terremotos, sequías, y su vientre mi refugio. Inventó unas tijeras para cortar el firmamento oscuro y estrellado, adornó con ellas mi cuna. Con el alfiler del ayer, unió los distantes días, tapó las fugas de luz en las cortinas cotidianas, y me talló un traje de futuro. Descubrió otro alfabeto, el de la mariposa y del colibrí, y deletreó la esperanza conmigo, en el pizarrón vivo de su espalda. Y lo más importante, incólume, engañó a la muerte, el desamor y el odio. Generosa, cargó sus heridas y las mías, y en humildad y justicia, caminó una parte de este sendero conmigo. Hicimos de mi piel y mis ojos, un lugar donde se juega ...

Crónica de un parto

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A la hora del atardecer, emprendimos el camino a ti. Con nuestros brazos-ramas, un musgo nuevo, una hojarasca salvadoreña y un fogón chapín, el tibio nido estaba listo para ti. Las arenillas del reloj se aferraban para no ser engullidas por “el ya es tarde”. Una sombra robusta y alta, caminaba en su mente, de aquí para allá. Era tu abuelita materna, que contaba el tiempo con sus pensamientos. Afuera y adentro del nido, un murmullo de viento y el aleteo de los colibríes: eran tu tía y abuelos paternos, que desgranaban un rosario para encontrar al final, los nuditos de tus dedos. A la par de tu mami, un centinela dormido de pie, en vela y vigilia por ti. El hambre era ansiedad y viceversa. Se llenaba el estómago, no así los pulmones que parecían respirar contra reloj. La espera fue un laberinto alegre y salpicado de emoción, pero siempre laberinto. No encontramos la salida, sólo Tú. Cerca de las doce campanadas de media noche, de la mano de una doct...