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Mostrando entradas de enero, 2012

Carta a una madre

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Hoy, al depositarla en las entrañas de la tierra, me recordé de mi parto. En la soledad de este mundo, Usted y Dios entretejían mis sueños. rondaba el hambre asesina, mientras comía de su sabia, de sus anhelos y sus venas. Entre el murmullo de una tormenta de lágrimas azules, su voz era la canción de cuna que me dormía. Diluvios, terremotos, sequías, y su vientre mi refugio. Inventó unas tijeras para cortar el firmamento oscuro y estrellado, adornó con ellas mi cuna. Con el alfiler del ayer, unió los distantes días, tapó las fugas de luz en las cortinas cotidianas, y me talló un traje de futuro. Descubrió otro alfabeto, el de la mariposa y del colibrí, y deletreó la esperanza conmigo, en el pizarrón vivo de su espalda. Y lo más importante, incólume, engañó a la muerte, el desamor y el odio. Generosa, cargó sus heridas y las mías, y en humildad y justicia, caminó una parte de este sendero conmigo. Hicimos de mi piel y mis ojos, un lugar donde se juega ...

Crónica de un parto

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A la hora del atardecer, emprendimos el camino a ti. Con nuestros brazos-ramas, un musgo nuevo, una hojarasca salvadoreña y un fogón chapín, el tibio nido estaba listo para ti. Las arenillas del reloj se aferraban para no ser engullidas por “el ya es tarde”. Una sombra robusta y alta, caminaba en su mente, de aquí para allá. Era tu abuelita materna, que contaba el tiempo con sus pensamientos. Afuera y adentro del nido, un murmullo de viento y el aleteo de los colibríes: eran tu tía y abuelos paternos, que desgranaban un rosario para encontrar al final, los nuditos de tus dedos. A la par de tu mami, un centinela dormido de pie, en vela y vigilia por ti. El hambre era ansiedad y viceversa. Se llenaba el estómago, no así los pulmones que parecían respirar contra reloj. La espera fue un laberinto alegre y salpicado de emoción, pero siempre laberinto. No encontramos la salida, sólo Tú. Cerca de las doce campanadas de media noche, de la mano de una doct...