Carta a una madre
Hoy, al depositarla en las entrañas de la tierra, me recordé de mi parto. En la soledad de este mundo, Usted y Dios entretejían mis sueños. rondaba el hambre asesina, mientras comía de su sabia, de sus anhelos y sus venas. Entre el murmullo de una tormenta de lágrimas azules, su voz era la canción de cuna que me dormía. Diluvios, terremotos, sequías, y su vientre mi refugio. Inventó unas tijeras para cortar el firmamento oscuro y estrellado, adornó con ellas mi cuna. Con el alfiler del ayer, unió los distantes días, tapó las fugas de luz en las cortinas cotidianas, y me talló un traje de futuro. Descubrió otro alfabeto, el de la mariposa y del colibrí, y deletreó la esperanza conmigo, en el pizarrón vivo de su espalda. Y lo más importante, incólume, engañó a la muerte, el desamor y el odio. Generosa, cargó sus heridas y las mías, y en humildad y justicia, caminó una parte de este sendero conmigo. Hicimos de mi piel y mis ojos, un lugar donde se juega ...