Carta a Dean Brackley S.J.
(foto cortesía de Fr. Mauricio Cáceres OFM) Entre las paredes de cristal, el prisionero sol, observa el infinito atardecer. El día muere, La oscuridad reina Y el transeúnte no lo percibe. La lluvia esparce sus despojos, en la periferia oculta del Bronx, la soledad habita en los ojos frente al espejo del río Manhattan, New York, un paisaje gris. En este Cardoner urbano, nunca como antes, tus ojos se llenaron de claridad. Y Dios te sedujo, no en el ministerio, ni en el poder, sino en los pobres que condensan realidad. Viste la señal: La vida amenazada, el Amor no amado, otrora noche de Belén, Ángeles anunciando la paz, a los pobres y pastores. ¡Así es la gloria de Dios! Y al descubrir esta perla y su valor, vendiste con algarabía, todo lo que poseías. Tu llamado fue don y tarea, fuiste aprendiz de la vida. La universidad: las ideas, la razón, experiencias y lágrimas: amalgama cosidas al crisol de la vida. Tu logos maduró, al robustecer tus ent...